pensamiento computacional

Adivinar la siguiente palabra: del autocompletar del móvil a la IA generativa

Un hombre, sentado en el sofá de casa, escribe en el móvil mientras el teclado le sugiere la siguiente palabra

Imagen generada con IA

El otro día vi a mi hija Alejandra, que tiene trece años, escribiendo un mensaje en el móvil a toda velocidad. No tecleaba palabra por palabra: muchas veces ni terminaba de escribirlas. Pulsaba una de las tres sugerencias que el teclado le iba poniendo encima, y a otra cosa. La frase casi se escribía sola.

Eso que hace el teclado se llama autocompletar, y tú lo usas cien veces al día. Escribes "muchas" y el móvil te ofrece gracias, felicidades, veces. Escribes "feliz" y aparecen cumpleaños, año, día. Y la pregunta tonta, la que casi nadie se hace, es justo la interesante:

¿Cómo sabe el móvil qué vas a escribir, si todavía no lo has escrito?

La respuesta es más sencilla y más reveladora de lo que parece. Y, lo mejor de todo, es la misma idea que hace funcionar a la inteligencia artificial que escribe. Vamos por partes.

El móvil no te entiende. Solo cuenta.

Lo primero que hay que quitarse de la cabeza es la idea de que el teclado "sabe" lo que quieres decir. No tiene ni idea. No entiende tu mensaje, ni sabe si estás triste o contento, ni le importa.

Lo único que ha hecho es leer muchísimo texto. Millones de frases que la gente ha escrito antes. Y mientras leía, se dedicó a una tarea de lo más aburrida: contar qué palabra suele venir detrás de cuál.

Imagínalo como un niño con una libreta enorme que apunta, una y otra vez:

Con esas cuentas hechas, el truco está servido. Cuando tú escribes "feliz", el móvil mira su libreta, ve qué palabras suelen seguir a "feliz", reparte las cuentas en porcentajes y te ofrece las tres más probables. No adivina el futuro: te enseña lo que la gente suele hacer.

Por eso a veces acierta de pleno y a veces te ofrece justo lo que no querías. No te lee la mente. Hace estadística con lo que ha visto.

El experimento que lo deja a la vista

Hay una manera preciosa de ver este mecanismo en acción, y la puedes probar ahora mismo con tu propio móvil. Escribe una palabra cualquiera para empezar, "hoy", por ejemplo. Y a partir de ahí, no escribas nada más: pulsa siempre la palabra del medio de las tres que te ofrece. Y otra vez la del medio. Y otra.

Verás dos cosas a la vez, y las dos son importantes.

La primera: la frase arranca con sentido. "Hoy es un día muy bueno para…". Suena a español de verdad, a algo que alguien podría decir. No es casualidad: cada palabra encaja con la anterior porque eso es justo lo que el móvil contó.

La segunda: si sigues, la frase se desvía hacia ninguna parte. Empieza a dar vueltas, se repite, termina diciendo algo que no significa nada. ¿Por qué se pierde, si cada paso suelto parecía razonable?

El punto flaco: mira muy poco hacia atrás

Aquí está la clave de todo el artículo, así que vamos despacio.

El predictor del móvil, para decidir la siguiente palabra, mira muy poco hacia atrás. En muchos teclados, solo la última palabra que escribiste. En los mejores, las dos o tres últimas. Nada más.

Es como pedirle a alguien que continúe un cuento, pero tapándole todo el texto salvo la última frase. Puede poner una palabra que encaje con esa frase, claro. Pero no tiene ni idea de cómo empezó la historia, quién era el protagonista ni de qué iba la cosa. Así que, paso a paso, se aleja del tema sin darse cuenta.

Esa es la limitación de fondo del teclado de tu móvil: tiene buena puntería a un paso, pero ninguna memoria. Y guárdate esta idea, porque es exactamente la que arregla la inteligencia artificial que escribe.

El salto: una IA que escribe es esto mismo, agrandado

Y ahora la parte buena. Cuando le pides un texto a una IA generativa, la que escribe textos como ChatGPT, y te lo redacta entero, con párrafos coherentes y argumentos enlazados, parece que está haciendo algo de otro mundo, algo muy distinto del cutre autocompletar de tu teclado.

Pues no. En el fondo, hace exactamente lo mismo: predecir la siguiente pieza una y otra vez. Escribe una, la añade a lo que llevaba, y vuelve a preguntarse qué viene después. Igual que tú pulsando la palabra del medio.

¿Por qué entonces a la IA le sale un texto con sentido y al móvil se le desbarata? Por dos diferencias, y solo dos:

Cambia esas dos cosas y el juego de "adivina la siguiente palabra" deja de ser un truco de teclado y se convierte en algo capaz de redactar una carta, resumir un texto o imitar un estilo. La idea base, sin embargo, no ha cambiado: ¿qué pieza tiene sentido que venga ahora?

Plausible no es lo mismo que verdadero

Conviene ser honesto con una consecuencia de todo esto, sin alarmismos, porque ayuda a entender los fallos de la IA mucho mejor que cualquier titular.

Si una máquina elige siempre lo más probable que venga después, está eligiendo lo que suena bien, lo que encaja, lo plausible. Y plausible no es lo mismo que verdadero.

Casi siempre, lo plausible y lo cierto van de la mano: como en los textos que la IA leyó la gente solía escribir cosas correctas, lo más probable suele ser también lo acertado. Pero no siempre. A veces la palabra más probable, la que mejor encaja en la frase, resulta ser falsa. Y la IA la escribe igual, con el mismo aplomo con el que escribe una verdad, porque por dentro no distingue una cosa de la otra: para ella las dos eran, simplemente, la continuación más probable.

Por eso una IA puede sonar segurísima y estar equivocada a la vez. No miente: predice. Y a veces lo más plausible no es lo cierto.

Pruébalo: ve las cuentas por dentro

Toda esta idea se entiende de golpe cuando la ves moverse, así que monté un juego para verla. Se llama El predictor de palabras.

Funciona como el teclado del móvil, pero con las tripas a la vista. Eliges un texto del que aprende (un cuento, una canción o uno que pegues tú) y empiezas a construir una frase tocando palabras. Con cada palabra, la máquina te enseña sus candidatas con su porcentaje pintado en barras, para que veas cuánto duda y por dónde apuesta.

Y trae el detalle que lo explica todo: un botón para que mire 1, 2 o 3 palabras hacia atrás. Ponlo en 1 y verás una máquina dubitativa que se desvía enseguida, como el móvil. Súbelo a 3 y nota cómo deja de dudar y la frase sale más coherente. Esa es, en pequeñito, la diferencia entre el teclado de tu móvil y una IA: más contexto, menos duda.

La idea importante

El predictor del teclado del móvil no entiende nada de lo que escribes. Solo ha contado, sobre montañas de texto, qué palabra suele venir detrás de cuál, y con esas cuentas reparte porcentajes y te propone las más probables.

La IA generativa es, en el fondo, ese mismo autocompletar, con dos mejoras: mira todo el contexto en lugar de la última palabra, y trabaja con piezas colocadas en un mapa de relaciones en lugar de palabras sueltas en una lista. Nada más, y nada menos.

No es magia. Detrás hay cuentas concretas sobre qué suele venir después de qué. Entender esto te da algo muy útil para hablar de IA con un niño: saber que predice lo plausible te explica de golpe por qué es tan capaz y por qué, de vez en cuando, se equivoca con la cara más seria del mundo.