La máquina no entiende nada. Solo ha contado, en un texto, qué palabra suele venir detrás de cuál. Construye una frase tocando las palabras y mira su apuesta.
Con aleatorio ponderado, tira un dado cargado por los porcentajes: cada frase sale distinta, como hace una IA. Con la más probable, elige siempre la favorita y se queda enganchada repitiendo.
Prueba a subir de 1 a 2 y 3 palabras: verás menos opciones y una que se dispara. Con más contexto, la máquina duda menos. Esa es, agrandada millones de veces, la idea que hace funcionar a la inteligencia artificial que escribe.